La visita de Benito Juárez a Nuevo León en 1864

El rastro del entonces presidente quedó registrado a través de placas conmemorativas.

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El “Benemérito de las Américas”, Benito Juárez, visitó en varias ocasiones Monterrey, una de las más significativas fue la de febrero de 1864.

Durante esa visita, México se encontraba en un momento crítico ante la instauración del Imperio de Maximiliano.

Por ello el presidente Juárez buscó respiro al norte del país, dirigiéndose a Nuevo León, en donde planeaba establecer la nueva capital del país, acompañado sólo por 300 hombre y trayendo consigo el Archivo General de la Nación.

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El 10 de febrero de 1864 pasó la noche en el municipio de Santa Catarina, en la Parroquia del pueblo, siendo recibido por el sacerdote José María Navarro.

Buscó un acercamiento con el gobernador del Estado, Santiago Vidaurri, quien no veía con buenos ojos a Juárez, por lo que puso en alerta a las fuerzas estatales para rechazar al presidente.

A pesar de esto, el presidente ingresó a la Ciudad de Monterrey el 11 de febrero, alojándose en la casa ubicada en la calle Hidalgo, en lo que hoy es la colonia Mirador.

Hoy en día queda una placa conmemorativa, en la que se destaca este importante acontecimiento para la historia de nuestro Estado (para mayor referencia se encuentra casi frente a la Librería Gandhi).

Finalmente, Juárez consiguió una entrevista con Vidaurri, por lo que el 12 de febrero pernoctó en una casona ubicada en lo que hoy es el cruce de las calles Padre Mier y Galeana, lugar en el que también hay una placa conmemorativa.

El día 14 de ese mes se dio el encuentro con Vidaurri en el antiguo Palacio de Gobierno, ubicado en Calle Morelos y Escobedo, en donde se instauró la capital de México por unos días.

La reunión duró apenas 10 minutos, nadie sabe qué se dijeron los dos líderes, lo que sí es que al salir Juárez le ordenó a su comitiva subir a los carruajes y abandonar la ciudad, en ese momento fue atacado a balazos por el hijo de Vidaurri.

Es notable cómo a veces no nos damos cuenta de esos lugares que guardan un valor histórico enorme, pero que pasan desapercibidos.

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